sábado, 12 de octubre de 2013

Las Brujas de Zugarramurdi

 

No soy  buen amante del cine español. De hecho le soy bastante infiel. Muy lejos quedaron las comedias de Pajares y Esteso, las desventuras de Paco Martínez Soria  o aquella época del destape que aunque  bochornosa algunos buenos momentos dio.
La tendencia del cine moderno español de renombre se ha encaminado en general a los dramas humanos, realistas repletos de críticas sociales etc etc.... y hoy con la crisis que hay yo voy al cine para desconectar y divertirme no para que me recuerden que el mundo está hecho una mierda. 
Fijense que hasta el momento no he criticado la calidad del cine que hacemos, a mí no me entusiasma, pero de gustos subjetivos está el mundo lleno, y lo que ustedes piensen bien puede ser diferente de mi visión que bien puede importarles tres pepinos y reciprocamente a mi la de ustedes una mierda.

Y como dijo el egipcio de Asterix y Cleopatra: tras esta pequeña introdución tan útil como pesada... me meto en materia...

Acudí al cine advertido por varias críticas virtuales de la baja calidad de la obra de Alex de la Iglesia. Pero veran, es que a mí este hombre me cae bien. Grande me pareció su trabajo como director de la Academia, enormes sus declaraciones en la gala de los Goyas de hace unos años con la ley SINDE acechando y además sus películas siempre me han resultado cuanto menos entretenidas.

No me voy a entretener en el argumento, eso lo dejo a su descubrimiento. No hay nada especialmente complicado. Un descabellado robo, una huída llena de dificultades estrambóticas y un pueblo supersticioso y con un secreto feminista. Pero la trama es una excusa, una excusa inteligente para ir enlazando sus geniales momentos de humor.

Las Brujas de Zugarramurdi no es la película del año, pero si la función de una comedia es hacer reir les aseguro que cumple su función con creces. Y no precisa de humor obsceno y fácil. Su genialidad está en situaciones y diálogos treméndamente absurdos y desternillante y un elenco de actores que se desenvuelven en  tan rocambolesca trama con arte y eficiencia. 

A un lado del ring tenemos la veteranía: unas brujas perversas, horribles y que nada tienen que envidiar a otras brujas Hollywoodienses.  Mención a Terele Pávez, Nadie como  ella para crear en este país a la bruja clásica por autonomasia, con su pelo gris y greñoso y su caldero burbujeante.

En la otra esquina tenemos a la juventud, los rostros de moda: Hugo Silva, Mario Casas y Carolina Bang. Los dos protagonistas masculinos, sin ser para mí los grandes interpretes de nuestro país, he de reconocer que está más que correctos. Un guión que les permite llevar un ritmo sin salirse de tono, sin sobreactuaciones, y sobre todo y lo más importante sin la necesidad de quitarse la camisa y marcar tableta. Mención especial al Sr. Casas en este aspecto, hasta la fecha me parecía incapaz de hacer un papel que se saliera del guapito vacilón y macarra, ahora sé que puede hacer de macarrilla corto de luces con bastante gracia.

En cuanto a los efectos especiales, están por encima de la media de lo que había visto hasta ahora en este país, aunque la "física de cables" es demasiado evidente en ocasiones. Si destaca el personaje realizado con animación digital que no llega a la alura de gollum o un troll del Weta Workshop, pero está bien integrado en las secuencias.

En resumen, unos actores que cumplen, una Carolina Bang que hasta con media cabeza rapada esta imponente, efectos especiales aceptables y diálogos y secuencias absurdas e hilarantes, todo esto hacen de Las Brujas de Zugarramurdi una obra entretenida que se ha ganado el derecho de hacernos pasar un buen rato.

Nota 8/10...... Nótese que le doy un punto más por ser cine español, que habitualmente me parece un mierda (ala, ya lo he dicho)



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