jueves, 15 de mayo de 2008

Oda a Él-Hombre y a los guerreros olvidados.

Todos hemos tenido nuestros héroes de pequeños. Allá por la década de los 80, seguro que muchos de vosotros simulásteis balancearos con una telaraña invisible por el parque de vuestro barrio, o alzásteis los puños mientras corrías a toda velocidad por el pasillo de vuestra casa, imaginando vuestra capa roja ondear al viento, tratando de romper la barrera del sonido y oir ese típico ¡Boom! que en tales casos no era por atravesar la barrera sino por comerte el mueble-zapatero del final del pasillo, frenando estrepitosamente vuestro vuelo.

Pero de entre tantos héroes me váis a permitir recordaros a uno de los primeros que conocimos los nacidos a principios de aquella espléndida década. Uno con el que estoy seguro de que todos vivimos alguna aventura. A él y todos los que le acompañaron durante aquellos años de jugar sentados en el suelo, le dedico este homenaje con "H" de He-Man.


Un taparrabos, una espada y un escudo, con esta sencilla indumentaria el hombre más fuerte del universo hizo su aparición en 1983. Una montaña de músculos, cuya orientación sexual sería duramente criticada a día de hoy, nos llevó a todos al lelano planeta Eternia. Aquel anabolizado guerrero rubio de cejas negras como el carbón, cuya simpleza de diseño no podía ser mayor, se convirtió en un fenómeno que conquistó a toda una generación.

Mucho antes de infiltrarnos en Shadow Moses, años antes de que naciera el Jefe Maestro o de empuñar la Soul Calibur, muchos hicieron cabalgar a He-Man sobre susensacional montura, un tigre llamado Battle-Cat, por la alfombra verde de sus cuartos y habitaciones de juego. Imaginando que atravesaban espesas junglas, o saltando de losa en losa de la cocina, esquivando la ardiente lava que rodeaba la Montaña de la Serpiente.

La Montaña de la Serpiente, ¡que recuerdos! La guardia por excelencia para el villano por excelencia. Skeletor, una simple calavera para representar al mal en su estado puro, y un báculo con el cráneo de un carnero como símbolo de todo su poder. Una némesis perfecta dirigiendo un ejército de siervos de fantasía cada uno más expectacular que el anterior: Una pantera negra como su propia montura (Panthor), un brutal guerrero de dos cabezas (Two-Bad), un hombre serpiente que escupía veneno (Cobra Khan), un ciborg con un cañón por brazo y mandíbulas de metal (Trap-Jaw) un espadachin esmeralda con tres ojos (Tri-Klops), incluso algunos tan singulares como un guerrero oloroso (Stinkor) o un lagarto que escupía chispas de fuego reales(Saurod), sin olvidar la siniestra Horda del Terror y su abyecto soberano, Hordak.

Pero He-Man no estaría sólo, multitud de aliados llegaron a nuestras vidas para quedarse y combatir junto a nosotros a aquellas fuerzas del mal: el extraño y pequeño mago Orko; Moss-Man, el hombre musgo; el guerrero de los cielos, Stratos; Ram-Man, el ariete humano. Y muchos más completarían los Masters del Universo, para defender nuestro primer hogar.

Muchas fueron las batallas vividas con ellos, muchas fueron las veces en las que el bien triunfó sobre el mal al tiempo que un niño esbozaba una sonrisa. Pero todos crecemos y los héroes van cambiando.

Recuerdos de cientos de encuentros y aventuras vividas se almacenan hoy en los trasteros de muchas habitaciones o en cajas bajo las camas. Antiguos guerreros olvidados que acumulan polvo y permiten que el color de su pelo de PVC y los motivos de sus armas y armaduras se vayan borrando. Allí aguardan pacientes esos amos del universo, junto con guerreros felinos de otros mundos y los antiguos superhéroes. O quizás los que aguarden sean otros, quizás sea el propio Luke Skywalker o una descolorida tortuga vestida de ninja.

Sea como sea allí, esperan a que alguien se acuerde de ellos, a que alguien les sople el manto gris del tiempo y los libere de la última postura que adoptaron, para cabalgar de nuevo hacia una última batalla.

Y quién sabe, quizás algún día una nueva generación los conozca, quizás algún día un pequeño Lord, un Segundillo o un aprendiz de Muerte, con los ojos abiertos como platos abra una caja de esquinas resquebrajadas con una sonrisa nerviosa por la espectación. Quizás el príncipe Adam le devuelva la sonrisa para levantar su espada una vez más y gritar con él:

¡POR EL PODER DE GRAYSKULL!


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